Algunas personas se preguntan: ¿cuándo se debe bautizar, en la infancia o en la madurez? Para responder esta pregunta, lo mejor que se puede hacer es ver lo que dice La Palabra de Dios. Es necesario establecer en primer lugar que hay tres formas de aplicar el bautismo: la inmersión, el derramamiento o efusión y la aspersión o rociamiento. La palabra castellana bautizo viene del verbo griego baptizo, el cual implica inmersión, ya que deriva de la palabra bapto, que significa “sumergir en algo, o bajo algo”.

 

Desde el comienzo de la iglesia cristiana, el bautismo se ha practicado sumergiendo a la persona en el agua. Los bautisterios en los templos y catedrales evidencian que hasta el siglo XII el bautismo fue administrado sólo por inmersión.
Con respecto al bautismo de infantes, los documentos eclesiásticos más antiguos como la Didajé, El Pastor de Hermas, la Apología de Justino, son unánimes en afirmar que los que se bauticen sean discípulos (adultos) consagrados. La iglesia católica adoptó el bautismo de infantes luego de una candente debate entre Agustín y los donatistas en el cual el criterio de Agustín que defendía el bautismo de infantes, se impuso.
La polémica sobre esta forma de bautismo resurgió durante La Reforma Protestante de mano de los anabaptistas, que insistían en que el bautismo debía ser administrado sólo a los adultos y que el bautismo de los infantes no era válido. La discusión se agudizó porque tanto los católicos como protestantes estaban en contra de los anabaptistas, defendiendo el bautismo de infantes, aunque con diferentes argumentos.
Los católicos argüían que se debía bautizar a los infantes porque todos tenemos parte de la culpa (mácula) del “pecado original” de Adán.
Lutero también defendió el bautismo de infantes, pero aclaró que no es el agua la que limpia, como afirmaban los católicos, sino la Palabra de Dios que está en y con el agua, y la fe, que confía que la palabra de Dios está en el agua. También sostenía que el ser humano era incapaz de salvarse por si mismo, pero negaba que uno compartiera la culpa del pecado de Adán y el darle al agua un poder sacramental, como afirmaban los católicos.
Zwinglio, por su parte, compartía la posición, pero usó otro argumento para defender el bautismo de infantes. El vio en el bautismo de infantes el substituto del rito de la circuncisión, tomando como texto de apoyo la declaración de Pablo en Colosenses 2:11, 12. Según Zwinglio, la circuncisión era el rito que daba acceso al niño a formar parte del pueblo del pacto, por lo tanto, el bautismo es el rito de iniciación o de entrada a la iglesia, el nuevo pueblo de Dios.
Vemos, entonces, que la historia nos presenta tres argumentos que defienden el bautismo de infantes. Ahora veremos lo que dice la Palabra de Dios al respecto.
EL BAUTISMO DE INFANTES EN LA BIBLIA
Vamos a ver varias razones por las cuales se puede demostrar que el bautismo de infantes no es bíblico.
Ausencia de evidencia en los registros bíblicos
La Biblia no registra ninguna referencia o instrucción directa que autorice o repruebe el bautismo de infantes. De lo que sí hay registros en el Nuevo Testamento es de los bautismos de personas adultas, tanto judíos (Hechos 2:41) como de gentiles (Hechos 10:47, 48).
Recibimos las consecuencias, no la culpa de Adán
Algunos enseñan que por causa de Adán todos nacemos compartiendo esa culpa, y por ello se necesita del bautismo para limpiar la culpa. Pero no es lo mismo sufrir las consecuencias que la culpabilidad. El pecado de Adán trajo como consecuencia la separación de Dios, la muerte y el dolor (Romanos 5:12). Cuando una persona nace hereda, como consecuencia del pecado, la inclinación al mal y tendencia al pecado, pero no compartimos la culpa del pecado de Adán. Dios no carga el pecado de los padres sobre los hijos (Ezequiel 18:20; Jeremías 31:29-30).

 

¿Pero qué pasa si el niño muere antes de que pueda decidir por él mismo? ¿Acaso será condenado? ¿Será excluido del pueblo de Dios? ¡No!. Nuestro Señor Jesucristo no excluyó a los niños del reino de la gracia, sino que afirmó: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos” (San Mateo 19:14). La fe de los padres creyentes los santifica (1 Cor. 7:14), ellos están seguros hasta que lleguen a la edad de responsabilidad personal.

LOS REQUISITOS PARA EL BAUTISMO

  • Para ser bautizado es necesario creer (San Marcos 16:15-16). En la Biblia, sólo los que creían eran bautizados (Hechos 8:36-37; 16:31-34; 18:8).
  • Hay que arrepentirse para que los pecados sean perdonados (Hechos 2:37-38). Sólo las personas maduras pueden entender y admitir su condición pecaminosa y buscar el perdón de Dios.
  • Se necesita la conversión o nacer de nuevo para poder entrar en el reino de Dios (hechos 3:19).
  • Debe haber evidencias de esa conversión o cambio, es decir, “frutos dignos de arrepentimiento” (San Mateo 3:8).

Por lo anterior, se puede deducir que para ser bautizada, una persona debe tener suficiente edad para comprender la necesidad del bautismo. Un infante no puede cumplir los requisitos del bautismo citados en La Palabra de Dios.

EL SIGNIFICADO DEL BAUTISMO
La inmersión del bautismo tiene un doble significado: el primero es mostrarnos simbólicamente la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. El segundo, representa un símbolo de nuestra muerte al pecado, la sepultura de nuestros pecados y el surgimiento a una nueva vida en Cristo (Romanos 6:3-5).
Por los dos significados anteriores, se entiende que esto debe ser hecho por una persona con raciocinio, plenamente consciente de lo que hace.

CONCLUSION
¿Deben ser bautizados los infantes? La respuesta es un rotundo ¡NO! La historia nos indica que la práctica en la iglesia cristiana del Nuevo Testamento era bautizar adultos. Los diferentes significados que tiene el bautismo nos dicen que debe ser entendido por y administrado a personas maduras. Por último, el bautismo es una respuesta de fe a la obra redentora realizada por Cristo en la cruz.

Fuente: Revista El Centinela